Miércoles de la segunda semana de Pascua
LA GRACIA O PRINCIPIO DE LA NUEVA VIDA
I. Porque el fin último de la criatura racional (que es el mismo Dios
visto en su esencia) sobrepasa la capacidad de su naturaleza, y los medios
deben ser proporcionados al fin, según el orden recto de la providencia,
síguese que los auxilios también deben ser conferidos por Dios a la criatura
racional, no sólo aquellos que son proporcionados a la naturaleza, sino
también los que sobrepasan la capacidad de la naturaleza. De donde
proviene que, además de la facultad natural de la razón, se impone
divinamente al hombre la luz de la gracia por la cual el hombre es
perfeccionado interiormente para la virtud, y esto en cuanto al conocimiento,
puesto que al ser elevado el espíritu del hombre por esta luz, puede conocer
lo que excede a la razón; y también en cuanto a la capacidad de obrar y de
amar, puesto que por esta luz el corazón del hombre se eleva sobre todo lo
creado hasta amar a Dios y esperar en él, y ejecutar todo lo que requiere este
amor.
II. Estos dones o auxilios dados al hombre, sobrenaturalmente, se
llaman gratuitos por dos razones:
1º) Porque Dios los da gratuitamente. En efecto, nada hay en el hombre
que pueda exigir en justicia la donación de tales auxilios, puesto que
sobrepasan la capacidad de la naturaleza humana.
2º) Porque el hombre se hace grato a Dios de un modo especial, por
estos dones. Así, como el amor de Dios es causa de la bondad que hay en las
cosas —y no que él haya sido provocado por una bondad preexistente en
ellas, como lo es nuestro amor—, es necesario que, con respecto a aquellos a
quienes da algunos efectos especiales de bondad, se considere una razón
especial de amor divino. Por eso se dice que Dios ama principal y
absolutamente a aquéllos sobre quienes derrama tales afectos de bondad, por
los cuales llegan al fin último, que es Él mismo, fuente de toda bondad.
(Ad Regin).
III. Sólo Dios da la gracia. El Señor dará la gracia y la gloria (Sal 83,
12). Porque el don de la gracia excede toda capacidad de la naturaleza
creada, ya que la gracia no es otra cosa que una participación de la naturaleza
divina. De ahí que sea imposible que una criatura cause la gracia. Por lo
tanto, necesariamente sólo Dios deifica, comunicando el consorcio de la naturaleza
divina por una cierta participación de semejanza, del mismo modo
que es imposible que otra cosa queme, a no ser el fuego.
La humanidad de Cristo es una especie de órgano de su Divinidad.
Ahora bien, un instrumento no produce la acción del agente principal por
propia virtud, sino por virtud del agente principal. Por consiguiente, la humanidad
de Cristo no causa la gracia por su propia virtud, sino por virtud de
la Divinidad unida a ella, y por la cual las acciones de la humanidad de
Cristo son saludables. Igualmente en los Sacramentos de la nueva ley, la
gracia es causada instrumentalmente, por los mismos sacramentos, pero
principalmente por la virtud del Espíritu Santo que obra en los sacramentos.
(1ª 2ae., q. CXII, a. 1º)
![]()
MEDITACIONES PARA EL TIEMPO PASCUAL DE SANTO TOMÁS DE AQUINO, O.P.
- InHocSignoVinces
- Messages : 2999
- Inscription : dim. 26 août 2018 11:43
- Localisation : Tharsis, Hispania
Re: MEDITACIONES PARA EL TIEMPO PASCUAL DE SANTO TOMÁS DE AQUINO, O.P.
- InHocSignoVinces
- Messages : 2999
- Inscription : dim. 26 août 2018 11:43
- Localisation : Tharsis, Hispania
Re: MEDITACIONES PARA EL TIEMPO PASCUAL DE SANTO TOMÁS DE AQUINO, O.P.
Jueves de la segunda semana de Pascua
EL AGUA VIVA
Te daría agua viva (Jn 4, 10).
I. Por el agua se entiende la gracia del Espíritu Santo. Unas veces se
llama fuego, otras agua, para significar que ni ésta ni aquél se toman según
la propiedad de su substancia, sino en cuanto a la semejanza de acción; pues
se dice fuego, debido a que eleva el corazón por el fervor y el calor:
Fervorosos de espíritu (Rom 12, 11); y porque consume los pecados: Sus
lámparas son lámparas de fuego y de llamas (Cant 8, 6).
Pero se llama agua porque purifica: Y derramaré sobre vosotros agua
pura, y os purificaréis de todas vuestras inmundicias (Ez 36, 25). Porque
enfría el ardor de las tentaciones: El fuego ardiente apaga el agua (Eclo 3,
33). Y porque apaga la sed de los bienes terrenos y de cualquier cosa
temporal: Todos los sedientos, venid a las aguas (Is 55, 50)
II. Existen dos variedades de agua: la viva y la no viva. Agua no viva
es la que no está unida, al principio de donde brota, sino que se recoge con la
lluvia o de otro modo se guarda en lagunas o cisternas, y se conserva
separada de su principio. El agua viva es la que corre y fluye de la fuente.
Según esto, la gracia del Espíritu Santo se llama rectamente agua viva,
porque la gracia del Espíritu Santo se da al hombre de tal modo que se le da
la misma fuente de la gracia, es decir, el Espíritu Santo; y aún más, por él se
da la gracia, como dice el Apóstol: La caridad de Dios está difundida en
nuestros corazones por el Espíritu Santo, que se nos ha dado (Rom 5, 5).
Porque el Espíritu Santo es fuente inagotable de la cual brotan todos los
dones de las gracias. Todas estas cosas obra sólo uno y el mismo Espíritu (1
Cor 12, 11), De ahí que si alguno tiene un don del Espíritu Santo y no posee
a este Espíritu, el agua no es continua desde su principio, y por consiguiente
es agua muerta y no viva. La fe sin las obras está muerta (Stg 2, 20).
(In Joan., IV)
- InHocSignoVinces
- Messages : 2999
- Inscription : dim. 26 août 2018 11:43
- Localisation : Tharsis, Hispania
Re: MEDITACIONES PARA EL TIEMPO PASCUAL DE SANTO TOMÁS DE AQUINO, O.P.
Viernes de la segunda semana de Pascua
DESEO DEL AGUA VIVA
Si supieses el don de Dios y quién es el que te dice: Dame de beber; tú
tal vez le pedirías a él, y te daría agua viva (Jn 4, 10).
I. En los adultos se llega a poseer el agua viva, esto es, la gracia, por el
deseo, es decir, pidiéndola: Oyó el Señor el deseo de los pobres (Sal 9, 17),
pues la gracia no se da sin una petición y un deseo. Por eso decimos que en
la justificación del impío se requiere el libre albedrío para detestar los
pecados y desear la gracia, según aquello de San Mateo: Pedid, y se os dará
(7, 7). Para tanto se requiere el deseo que aun el mismo Hijo es invitado a
pedir: Pídeme, y le daré (Sal 2, 8). Por lo cual, el que resiste a la gracia, no
la recibe, si primero no la desea, como sucedió con San Pablo, que antes de
recibir la gracia, fue reducido a desearla, diciendo: Señor ¿qué quieres que
yo haga? (Hech 9, 6). Por eso claramente se dice: Tú tal vez le pedirías a él.
Tal vez, a causa del libre albedrío, por el cual el hombre unas veces pide y
desea la gracia, y otras no.
II. Dos cosas mueven el deseo del hombre a pedir la gracia, a saber: el
conocimiento del bien deseable, y el conocimiento del que la da, y por eso
propone conocer dos cosas:
1º) El mismo don. Por lo cual dice: Si supieses el don de Dios, el cual
es todo el bien deseable, y procede del Espíritu Santo. Llegué a entender
que de otra manera no podría ser continente, si Dios no me lo daba (Sab 8,
21). Esto es el don de Dios.
2º) El dador. Por eso dice: Y quién es el que te dice, etc., esto es: si
conocieses al que puede dar, que soy yo. Cuando viniere el Consolador, que
yo os enviaré del Padre... él dará testimonio de mí (Jn 15, 26). Y el Apóstol
dice: Dio dones a los hombres (Ef 4, 8).
(In Joan., IV)
- InHocSignoVinces
- Messages : 2999
- Inscription : dim. 26 août 2018 11:43
- Localisation : Tharsis, Hispania
Re: MEDITACIONES PARA EL TIEMPO PASCUAL DE SANTO TOMÁS DE AQUINO, O.P.
Sábado de la segunda semana de Pascua
LA SED DEL AGUA VIVA
El que bebiere del agua que yo le daré, nunca jamás tendrá sed (Jn 4, 13).
A este pasaje parece oponerse aquel otro del Eclesiástico: Los que me
beben, aún tendrán sed (24, 2ª). ¿Cómo, pues, nunca jamás tendrá sed quien
bebiere de esta agua, esto es, de la sabiduría divina, cuando dice la misma
sabiduría: Los que me beben, aún tendrán sed?
Ambas cosas son verdaderas, pues quien bebe del agua que Cristo da,
tiene sed todavía, y al mismo tiempo no tiene sed; pero el que bebe del agua
material, tendrá otra vez sed. Y esto por dos razones:
1º) Porque el agua material no es perpetua, ni tiene causa perpetua,
sino deficiente. Por lo cual, necesariamente cesa su efecto. Todas aquellas
cosas pasaron como sombra (Sab 5, 9). Mas el agua espiritual tiene causa
perpetua, esto es, al Espíritu Santo, que es fuente inagotable de vida.
Por eso, el que de ella bebe no tendrá sed jamás, del mismo modo que jamás
tendría sed el que tuviese en sí una fuente de agua viva.
2º) Por la diferencia entre las cosas espirituales y las temporales. Pues
aunque unas y otras produzcan sed, sin embargo, ésta es de distinta manera.
Porque lo temporal, una vez poseído, no produce ciertamente sed de sí
mismo, pero sí de otras cosas; mas lo espiritual quita la sed de las otras
cosas, y produce sed de sí mismo. La razón de esto se funda en que lo
temporal se estima como de gran valor y suficiente, antes de ser poseído;
pero una vez que se tiene, como no se encuentra de tanto valor, ni suficiente
para aquietar el deseo, no sacia este deseo, sino que provoca el deseo de
poseer otra cosa.
Lo espiritual no es conocido sino cuando se lo posee. No sabe
ninguno, sino aquel que lo recibe (Apoc 2, 17). Y por lo tanto, no provoca
ningún deseo antes de ser poseído; pero cuando se le tiene y se le conoce,
entonces deleita el corazón y mueve el deseo, no ciertamente para poseer
otra cosa, sino que como es gustado imperfectamente a causa de la
imperfección del que lo recibe, provoca a una posesión perfecta. De esta sed
se dice: Sedienta está mi alma del Dios fuerte 1 (Sal 41, 3).
Esta sed no se quita del todo en este mundo, porque no podemos
percibir los bienes espirituales en esta vida; y por consiguiente, el que
bebiere de esta agua todavía tendría sed, ciertamente, de su perfección; pero
no tendrá sed jamás, como si faltase el agua, pues como se dice en el salmo
35, 9: Serán embriagados de la abundancia de tu casa. En efecto, en la vida
de la gloria, donde los bienaventurados beben perfectamente el agua de la
gracia divina, no tendrán jamás sed. Bienaventurados los que han hambre y
sed de justicia, a saber, en este mundo, porque ellos serán hartos (Mt 5, 6)
en la vida de la gloria.
(In Joan., IV)
1. Santo Tomás dice: Sedienta está mi alma de Dios, fuente viva.
- InHocSignoVinces
- Messages : 2999
- Inscription : dim. 26 août 2018 11:43
- Localisation : Tharsis, Hispania
Re: MEDITACIONES PARA EL TIEMPO PASCUAL DE SANTO TOMÁS DE AQUINO, O.P.
Tercer Domingo de Pascua
ADOPCIÓN DIVINA
Envió Dios a su Hijo... para que recibiésemos la adopción de hijos
(Gal 4, 4).
1º) La adopción se transfiere a las cosas divinas por semejanza de las
humanas. Pues se dice que un hombre adopta a uno como hijo, cuando gratuitamente
da el derecho de percibir su herencia al que no le corresponde por
naturaleza. Se dice herencia de un hombre aquélla por la cual es rico; pero
aquello por lo que Dios es rico es el goce de sí mismo, pues por eso es
bienaventurado y, así, ésa es su herencia. En ese sentido, se dice que Dios
adopta por hijo a alguno, puesto que a los hombres, que por sus fuerzas
naturales no pueden llegar al goce mencionado, les da la gracia con la cual el
hombre merece aquella bienaventuranza para que de ese modo le
corresponda el derecho a aquella herencia.
Acaece, en la adopción humana, que por ella se divide la herencia,
porque toda no puede ser poseída simultáneamente por muchos. Mas la herencia
celestial es poseída simultáneamente en su totalidad por el padre
adoptante y por todos los hijos adoptados; por lo cual no hay allí ni división
ni sucesión.
2º) Nuestra adopción es por gracia. El hombre, dado que es producido
por creación para participar del entendimiento, es producido como a
semejanza de la especie del mismo Dios; pues lo que constituye el grado
supremo, según el cual la naturaleza creada participa de la semejanza de la
naturaleza increada, es la intelectualidad, y por lo tanto sólo la criatura
racional se dice creada a imagen de Dios. Luego sólo la criatura racional
alcanza el nombre de filiación por la creación.
Pero la adopción requiere que el adoptado adquiera el derecho a la
herencia del adoptante. Mas la herencia del mismo Dios es su misma bienaventuranza,
de la cual sólo es capaz la criatura racional; pero no la adquiere
por el solo hecho de la creación, sino por don del Espíritu Santo. De donde
resulta evidente que la creación no da a las criaturas irracionales ni la
adopción ni la filiación; y a la criatura racional le da ciertamente la filiación,
pero no la adopción.
Porque la comunicación de algunos bienes no basta para la adopción,
sino la herencia. Por lo cual no se dice que una criatura es adoptada por esto
de que Dios le comunica algunos bienes, si no le comunica también la
herencia, que es la divina bienaventuranza.
Pero Cristo de ninguna manera puede llamarse Hijo de adopción, pues
por naturaleza, ya que nace eternamente del Padre, le corresponde el derecho
a la herencia paterna, y todo lo que tiene el Padre es suyo. Por lo cual no
adquiere ese derecho por una gracia sobreviniente.
(3 Dist. X, q. II, a. 1 et 2)
- InHocSignoVinces
- Messages : 2999
- Inscription : dim. 26 août 2018 11:43
- Localisation : Tharsis, Hispania
Re: MEDITACIONES PARA EL TIEMPO PASCUAL DE SANTO TOMÁS DE AQUINO, O.P.
Lunes de la tercera semana de Pascua
MORADA DE LAS DIVINAS PERSONAS EN EL ALMA
I. Se dice de la divina Sabiduría: Envíala de tus santos cielos, y del
trono de tu grandeza (Sab 9, 10).
Por medio de la gracia santificante toda la Trinidad habita en el alma,
según aquello del Evangelista: Si alguno me ama, guardará mi palabra, y
mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él (Jn 14, 23).
Ser enviada una persona divina a alguien por la gracia invisible significa
nuevo modo de habitar en él esa Persona (divina), y su origen de otra.
Luego, puesto que tanto al Hijo como al Espíritu Santo conviene morar
por la gracia y proceder de otro, es propio de ambos ser invisiblemente
enviados.
En cuanto al Padre, si bien habita en nosotros por la gracia, no le
conviene proceder de otro, ni, por consiguiente, ser enviado.
El alma se asemeja a Dios por la gracia. Así, pues, para que una
persona divina sea enviada a alguien por su gracia, es preciso se realice asimilación
a la persona divina, enviada por algún don de gracia. Y como el
Espíritu Santo es amor, el alma se asemeja al Espíritu Santo por el don de la
caridad. Por lo tanto, la misión del Espíritu Santo es considerada según el
don de la caridad. Pero el Hijo es Verbo, y no un verbo cualquiera, sino que
emana amor. Así, pues, el Hijo no es enviado según cualquier perfección
intelectual, sino según tal ilustración del intelecto que lo haga prorrumpir en
afecto de amor. En mi meditación se inflamará fuego (Sal 38, 4). Por eso
dice San Agustín que "El Hijo es enviado, cuando es conocido y percibido
por alguno"1. Mas la percepción significa cierto conocimiento experimental.
Y esto es lo que propiamente se llama sabiduría, como ciencia sápida.
II. Cuándo tiene lugar la misión. La misión importa en su razón que el
que es enviado comience a estar donde antes no estaba, o donde, ya estaba,
aunque de un modo nuevo; y según este modo se atribuye la misión a las
Personas divinas. Así, en aquel a quien se dirige la misión hay que
considerar dos cosas: la inhabitación de la gracia, y cierta renovación por
ella. Para todos aquellos en quienes se dan estas dos cosas, se hace la misión
invisible.
Esta misión se hace según el provecho en la virtud o el aumento de
gracia. Sin embargo, la misión invisible se considera principalmente según
ese aumento de gracia, cuando alguno adelanta hacia algún nuevo acto o
nuevo estado de gracia, como sucede, por ejemplo, cuando uno llega a
obtener la gracia de milagros, o de profecía, o se expone al martirio movido
del fervor de caridad, o renuncia cuanto posee, o emprende cualquier otra
santa empresa ardua.
III. La misión tiene lugar solamente según el don de la gracia
santificante. Conviene a una persona divina ser enviada sólo para existir de
un modo nuevo en algo; y el ser dada, con el fin de ser recibida por alguien;
ni en uno ni en otro concepto se realiza sino por la gracia santificante.
Porque hay un modo común de estar Dios en todas las cosas por esencia,
potencia y presencia, como la causa en los efectos que participan de su
bondad.
Además de este modo común hay uno especial, que conviene a la
naturaleza racional, en la cual se dice estar Dios como lo conocido en quien
lo conoce, y lo amado en el amante. Y porque, conociendo y amando la
criatura racional, toca por su operación al mismo Dios, según este modo
especial no sólo se dice que Dios está en ella, sino que mora en ella, como
en su templo.
No hay, pues, otro efecto sino la gracia santificante, que pueda ser
razón de que una persona divina esté de un nuevo modo en la criatura
racional.
Por otra parte, sólo se dice que poseemos aquello de que libremente
podemos usar o disfrutar, y la potestad de disfrutar de una persona divina
sólo se verifica según la gracia santificante, aunque en el don de esta gracia
recibe el hombre al Espíritu Santo y éste habita en él. Por consiguiente, el
Espíritu Santo mismo es dado y enviado.
(1ª part. q. XLIII, a. 5, 6 y 3).
- InHocSignoVinces
- Messages : 2999
- Inscription : dim. 26 août 2018 11:43
- Localisation : Tharsis, Hispania
Re: MEDITACIONES PARA EL TIEMPO PASCUAL DE SANTO TOMÁS DE AQUINO, O.P.
Martes de la tercera semana de Pascua
LA PERFECCIÓN ESPIRITUAL
Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes, y dalo a los pobres... y
ven, sígueme (Mt 19, 21).
La perfección de la vida espiritual ha de medirse con la caridad; quien
careciere de ella no será nada espiritualmente, como dice el Apóstol (1 Cor
13, 1-3). Por esta perfección se dice absolutamente que alguien es perfecto.
Por lo cual se expresa: Mas sobre todo esto tened caridad, que es el vínculo
de la perfección (Col 3, 14). El amor tiene una fuerza de transformación, por
la cual el que ama se transforma en cierto modo en el amado. Por eso dice
Dionisio: "Es el amor divino el que produce el éxtasis, no consintiendo que
los que se aman se pertenezcan a sí mismos, sino a las personas amadas."
Y porque el todo y lo perfecto son una misma cosa, posee perfectamente
la caridad aquel que se transforma totalmente en Dios por el amor,
posponiéndose totalmente a sí mismo y a todas sus cosas por Dios. Por lo
cual dice San Agustín que así como el amor propio lleva a la ciudad de
Babilonia hasta el desprecio de Dios, así el amor de Dios lleva a la ciudad de
Dios hasta el desprecio de sí mismo; y en otro lugar dice que la perfección
de la caridad consiste en no tener ninguna afición a lo creado. También dice
San Gregorio que cuando alguien ofrece una cosa a Dios y no le ofrece otra,
hace un sacrificio; pero cuando ofrece a Dios omnipotente todo lo que tiene,
todo lo que vive, todo lo que le gusta, hace un holocausto.
Cuando uno tiene el alma de tal modo afectada en su interior que se
desprecia a sí mismo y a todas sus cosas por Dios, conforme a aquello del
Apóstol: Pero las cosas que me fueron ganancias, las he reputado como
pérdida por Cristo... por el cual todo lo he perdido, y lo tengo por basura,
con tal que gane a Cristo (Filip 3, 7, 8);, ese tal es perfecto, ya sea religioso,
ya secular, ya clérigo, ya lego, ya incluso esté unido en matrimonio. Porque
Abrahán era casado y rico, y le dijo el Señor: Anda en mi presencia y sé
perfecto (Gen 17, 1).
Si quieres ser perfecto: no que seas perfecto al instante, sino que
tendrás cierto principio de perfección, porque, descargado de estas cosas (las
terrenas), más fácilmente podrás contemplar las celestiales. Dice San
Agustín que las vigilias y otras austeridades son instrumentos de perfección,
pero la perfección consiste en lo que se dice a continuación: y sígueme. Por
consiguiente, el amor de Dios es la perfección, pero el abandono de las cosas
es el camino para la perfección. ¿De qué manera? Dice San Agustín que el
aumento de la caridad es disminución de la ambición terrena; la perfección
de la caridad es la negación total de la ambición terrena. Luego es perfecto
en la caridad el que ama a Dios hasta el desprecio de sí mismo y de sus
cosas.
(In Joan., XIX)
- InHocSignoVinces
- Messages : 2999
- Inscription : dim. 26 août 2018 11:43
- Localisation : Tharsis, Hispania
Re: MEDITACIONES PARA EL TIEMPO PASCUAL DE SANTO TOMÁS DE AQUINO, O.P.
Miércoles de la tercera semana de Pascua
EL HOMBRE ESPIRITUAL
El espiritual juzga todas las cosas; y él no es juzgado de nadie (1 Cor
2, 15).
I. Veamos quién es el hombre espiritual. Mas advirtamos antes que
acostumbramos a llamar espíritus a las substancias incorpóreas; y porque hay
una parte del alma que no es el principio de existencia de algún órgano
corporal, es decir, la parte intelectiva que comprende la inteligencia y la
voluntad, esta parte del alma es llamada espíritu de hombre, el cual, sin
embargo, es iluminado por el Espíritu de Dios, en cuanto al entendimiento, e
inflamada en la parte afectiva y la voluntad.
Hombre espiritual se dirá, pues, en dos sentidos:
1º) Por la inteligencia, iluminada por el Espíritu de Dios; y en este
sentido dice la Glosa que el hombre espiritual es el que, sujeto al espíritu de
Dios, conoce ciertísima y fielmente las cosas espirituales.
2º) Por la voluntad, inflamada por el Espíritu de Dios; y en este
sentido dice la Glosa que la vida espiritual es la que, teniendo por dirigente,
al Espíritu de Dios, rige al alma, esto es, a las fuerzas animales. Vosotros
que sois espirituales, amonestadle con espíritu de mansedumbre (Gal 6, 1).
II. Consideremos por qué el hombre espiritual juzga todas las cosas, y
él no es juzgado por nadie. Debe advertirse aquí que quien rectamente se
conduce en todas las cosas, tiene juicio recto acerca de cada una de ellas. En
cambio, el que tiene en sí deficiencia de rectitud, también es defectuoso al
juzgar. Pues el que está despierto juzga rectamente que él vela y que otro
duerme. Mas el que duerme no posee un juicio verdadero sobre sí mismo, ni
sobre el que vela, y las cosas no son tales como las ve el que duerme, sino
como las ve el que está despierto.
Sucede lo mismo con el que está sano y el que está enfermo, para
juzgar de los sabores, con el que es débil y el que es fuerte, para juzgar de
los pesos, con el virtuoso y el vicioso, para juzgar de los actos humanos. Por
eso dice el filósofo Aristóteles que el virtuoso es regla y medida de todas las
cosas humanas, porque en las cosas humanas las acciones particulares son
tales como las juzga el virtuoso.
Según esto dice aquí el Apóstol que el espiritual juzga todas las cosas,
porque el hombre que tiene el entendimiento ilustrado y el corazón ordenado
por el Espíritu Santo, posee un criterio recto acerca de cada una de las cosas
que pertenecen a la salvación. En cambio, el que no es espiritual tiene
obscurecido el entendimiento y desordenado el afecto acerca de los bienes
espirituales, y, por consiguiente, el hombre espiritual no puede ser juzgado
por el hombre que no es espiritual, del mismo modo que el que está despierto
no puede serlo por el que duerme.
Mas el hombre animal no percibe aquellas cosas que son del Espíritu
de Dios (1 Cor 2, 14). El Espíritu Santo inflama el corazón para que ame los
bienes espirituales, despreciando los bienes sensibles; mas el que es de vida
animal no puede apreciar los bienes espirituales, pues como es cada uno, tal
le parece el fin.
(In I Cor., II)
- InHocSignoVinces
- Messages : 2999
- Inscription : dim. 26 août 2018 11:43
- Localisation : Tharsis, Hispania
Re: MEDITACIONES PARA EL TIEMPO PASCUAL DE SANTO TOMÁS DE AQUINO, O.P.
Jueves de la tercera semana de Pascua
REGENERACIÓN ESPIRITUAL POR MEDIO DEL BAUTISMO
1º) El bautismo quita todo pecado.
Como dice el Apóstol: Todos los que hemos sido bautizados en
Jesucristo, hemos sido bautizados en su muerte (Rom 6, 3); y después concluye:
Y así también vosotros consideraos que estáis de cierto muertos al
pecado, pero vivos para Dios en nuestro Señor Jesucristo (Ibíd., 11). De lo
cual se deduce que por el bautismo muere el hombre para el antiguo pecado
y comienza a vivir a la novedad de la gracia. Mas como todo pecado
pertenece a la primitiva vejez, síguese que todo pecado queda borrado por el
bautismo.
2º) El bautismo libra de todo reato del pecado. Porque por el bautismo
el hombre es incorporado a la Pasión y Muerte de Cristo, según aquello: Si
somos muertos con Cristo, creemos que juntamente viviremos también con
Cristo (Rom 6, 8). De donde resulta que a todo bautizado se le comunica
para su remedio la Pasión de Cristo, como si él mismo hubiese padecido y
muerto. Pero la Pasión de Cristo es suficiente satisfacción por todos los
pecados de todos los hombres, y por eso el que es bautizado se libra del
reato de toda la pena debida por los pecados, como si él mismo hubiese
satisfecho suficientemente por todos sus pecados.
3º) El bautismo confiere la gracia y las virtudes. El Apóstol dice: Nos
hizo salvos por el bautismo de regeneración, esto es, por el bautismo, y
renovación del Espíritu Santo, el cual difundió sobre nosotros
abundantemente, es decir, para perdón de los pecados y abundancia de las
virtudes (Tit 3, 5-6). Así, pues, en el bautismo se dan la gracia del Espíritu
Santo y abundancia de las virtudes. Por otra parte, el bautismo tiene poder
para que los bautizados se incorporen a Cristo como miembros suyos. De la
cabeza, Cristo, deriva la plenitud de la gracia y de la virtud a todos los
miembros, según aquello de San Juan: De su plenitud recibirnos nosotros
todos (1, 16).
4º) El bautismo confiere la fecundidad de las buenas obras.
En efecto, por el bautismo somos regenerados a la vida espiritual que
se obtiene por la fe de Cristo: Mas la vida sólo pertenece a los miembros
unidos a la cabeza, de la cual reciben la sensibilidad y el movimiento. Por
consiguiente es necesario que por el bautismo uno se incorpore a Cristo
como uno de sus miembros. Y así, como de la cabeza natural deriva a los
miembros el sentimiento y el movimiento, del mismo modo, de la cabeza
espiritual, que es Cristo, deriva a sus miembros el sentido espiritual, que
consiste en el conocimiento de la verdad, y el movimiento espiritual, que
viene del influjo de la gracia. Por lo cual dice San Juan: Vimos la gloria de
él (del Verbo), gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de
verdad... Y de su plenitud recibimos nosotros todos (Jn 1, 14, 16). Síguese,
pues, que los bautizados son iluminados por Cristo, por el conocimiento de
la verdad, y fecundados por él con la fecundidad de las buenas obras por
infusión de la gracia.
(3ª part., q. LXIX)
- InHocSignoVinces
- Messages : 2999
- Inscription : dim. 26 août 2018 11:43
- Localisation : Tharsis, Hispania
Re: MEDITACIONES PARA EL TIEMPO PASCUAL DE SANTO TOMÁS DE AQUINO, O.P.
Viernes de la tercera semana de Pascua
PENALIDADES DE LA VIDA PRESENTE
El bautismo tiene la virtud de quitar las penalidades de la vida presente;
pero no las quita durante la presente vida, sino que por su virtud serán
quitadas a los justos en la resurrección: cuando esto, que es mortal, fuere
revestido de inmortalidad (1 Cor 15, 54). Y esto con razón:
1º) Porque por el bautismo se incorpora el hombre a Cristo, y se hace
miembro suyo. Así, es conveniente que se verifique en el miembro incorporado
lo que se verificó en la cabeza. Mas Cristo desde el principio de su
concepción estuvo lleno de gracia y de verdad; y, no obstante, tuvo un
cuerpo pasible, que resucitó a la vida gloriosa después de su Pasión y
Muerte. Por consiguiente, también el cristiano consigue en el bautismo la
gracia en cuanto al alma; tiene, empero, un cuerpo pasible, con el que pueda
padecer por Cristo, pero, finalmente, será resucitado para una vida
impasible. Por lo que el Apóstol dice en Romanos 8, 11: Quien resucitó a
Jesucristo de entre los muertos vivificará también nuestros cuerpos mortales
por su Espíritu que habita en nosotros. Y poco después (v.17) añade:
Herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser
con él también glorificados.
2º) Porque es conveniente que no desaparezcan las penalidades ahora
por el ejercicio espiritual, o sea, para que combatiendo el hombre contra la
concupiscencia y las demás flaquezas, obtenga la corona de la victoria. Por
eso, comentando las palabras de Romanos 6, 6: para que fuera destruido el
cuerpo de pecado, dice la Glosa: Si después del bautismo continúa el
hombre viviendo en esta tierra, tiene que luchar contra la concupiscencia y,
con la ayuda de Dios, tiene que vencerla. Este combate fue prefigurado así
en Santiago 3, 1-2: Estos son los pueblos que el Señor dejó subsistir para
probar con ellos a Israel... para que las generaciones de los hijos de Israel
aprendieran el arte de la guerra.
3º) Fue conveniente que no desapareciesen las penalidades aquí para
que los hombres no se acercasen al bautismo con el fin de obtener la
impasibilidad de la vida presente en lugar de acercarse para alcanzar la vida
eterna. Por lo que el Apóstol dice en primera carta a los Corintios 15, 9: Si
solamente pensando en esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en
Cristo, somos los más desgraciados de todos los hombres.
Comentando la expresión de la carta a los Romanos 6, 6: para que no
sirvamos al pecado, dice la Glosa: De la misma manera que quien hace
prisionero a un enemigo ferocísimo, no lo mata en el acto, sino que lo deja
vivir algún tiempo con deshonor y sufrimiento, así Cristo primero nos ha
ligado a la pena, para desligarnos de ella en el futuro.
La pena del pecado es doble: infernal y temporal. Cristo destruyó
enteramente la infernal para que no la experimenten los bautizados y los
verdaderamente arrepentidos. Pero no suprimió del todo la pena temporal:
ya que permanece el hambre, la sed, la muerte, pero ha destruido su reino y
su dominio, de tal modo que el hombre no les tema, pero al final la destruirá
del todo.
El pecado original siguió este proceso: primero, la persona contagió a
la naturaleza, y, después, la naturaleza contagió a la persona. Pero Cristo,
siguiendo un orden inverso, repara primeramente lo concerniente a la
persona, y, después, repara, de modo simultáneo en todos, lo concerniente a
la naturaleza. Por tanto, el bautismo borra instantáneamente en el hombre la
culpa del pecado original y también la pena, consistente en carecer de la
visión divina, cosas ambas que pertenecen a la persona. Pero las penalidades
de la vida presente, como la muerte, el hambre, la sed y otras semejantes,
corresponden a la naturaleza, cuyos principios las causan, en la medida en
que está despojada de la justicia original. Por tanto, estos defectos sólo
desaparecerán en la reparación definitiva de la naturaleza mediante la
resurrección gloriosa.
(3ª part. q. LXIX, a. 3).
Qui est en ligne ?
Utilisateurs parcourant ce forum : Aucun utilisateur inscrit et 7 invités