Re: MEDITACIONES PARA EL TIEMPO PASCUAL DE SANTO TOMÁS DE AQUINO, O.P.
Publié : mar. 12 mai 2020 20:40
Martes de la quinta semana de Pascua
NÚMERO DE LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO
De la una y de la otra parte del río, el árbol de la vida, que da doce
frutos (Apoc 22, 2). El Apóstol enumera convenientemente doce frutos, en la
epístola a los Gálatas (5, 22-23). Debe considerarse la distinción de estos
frutos según el diverso procedimiento del Espíritu Santo en nosotros, esto es,
según que el espíritu del hombre se ordene: 1º, en sí mismo; 2º, a las cosas
próximas a él; 3º, a las que le son inferiores.
I. El espíritu del hombre se ordena en sí mismo, cuando se conduce
rectamente en los bienes y males.
La primera disposición del corazón del hombre para el bien es por
amor, que es la primera afección y raíz de todas las afecciones, y por consiguiente
se pone la caridad como primer fruto del espíritu, en la cual se da
especialmente el Espíritu Santo, como en propia semejanza, puesto que él es
amor. Al amor de caridad sigue necesariamente el gozo; porque todo el que
ama goza la unión del amado, y la caridad tiene siempre presente a Dios, a
quien ama. Quien permanece en caridad, en Dios permanece y Dios en él
(1 Jn 4, 16). Por lo cual el gozo es consecuencia de la caridad.
Mas la perfección del gozo es la paz en dos conceptos:
1º) En cuanto a la quietud respecto de las conturbaciones exteriores,
pues no puede gozar perfectamente del bien amado el que en su fruición es
perturbado por otras cosas; y además quien tiene el corazón perfectamente
pacífico en un objeto, no puede ser molestado por ningún otro, porque reputa
lo demás como nada. Por lo cual se dice: Mucha paz para los que aman tu
ley; y no hay para ellos tropiezo (Sal 118, 165), porque no son perturbados
por cosas exteriores que les impidan gozar de Dios.
2º) En cuanto al sosiego del deseo fluctuante, porque no goza perfectamente
de algo aquél a quien no basta lo que goza, y la paz lleva consigo
estas dos cosas, es decir, que no seamos turbados por las cosas exteriores, y
que nuestros deseos reposen en un solo objeto; por esto, después de la
caridad y del gozo, se designa en tercer lugar la paz.
En los males se halla bien dispuesta el alma en cuanto a dos cosas: 1º,
en no ser perturbada por la inminencia de males, lo cual corresponde a la
paciencia; y 2º, en que tampoco se turbe por la dilatación de los bienes, lo
cual pertenece a la longanimidad; pues el carecer del bien tiene razón de
mal 1.
En lo que está cerca del hombre, es decir, el prójimo, la mente del
hombre se dispone bien:
1º) En la voluntad de hacer el bien, y esto pertenece a la bondad.
2º) En el ejercicio de la beneficiencia; y a esto responde la benignidad;
pues dicen benignos a aquellos a quienes el fuego del amor enfervoriza para
hacer bien a los prójimos.
3º) En tolerar ecuánimemente los males causados por aquéllos (los
prójimos); a lo cual responde la mansedumbre, que cohíbe la ira.
4º) En que no solamente no perjudiquemos a los prójimos con la ira,
sino que ni aun con el fraude o el engaño; y a esto se refiere la fe, en el
sentido de fidelidad; pero si se toma por la fe con la que se cree en Dios, por
ésta se ordena el hombre a lo que está sobre él, sometiendo su entendimiento
a Dios, y por consiguiente, a todas las cosas que son de Dios.
III. Respecto a lo que es inferior al hombre, éste se dispone bien, en
cuanto a las acciones exteriores, por la modestia, que guarda moderación en
todos los dichos y en los hechos; en cuanto a las concupiscencias inferiores,
por la continencia y la castidad, ya se distingan estas dos en el sentido de
que la castidad refrena al hombre de lo lícito; ya en que el continente sufre
las concupiscencias, sin dejarse seducir, y el casto ni las sufre ni sucumbe.
1. Ethic., lib. V, cap. 3.
(1ª 2ae, q. LXX, a. 3)
