SAN JOSÉ (19 de marzo) - Sermón de Bossuet
Publié : mar. 19 mars 2019 14:21
SERMONES SOBRE SAN JOSÉ
Jacobo Benigno Bossuet
DEPOSITUM CUSTODI
GUARDA EL DEPÓSITO
(I Timoteo, 6, 20)
De los tres depósitos confiados a San José:
primero, la santa virginidad de María;
segundo, la persona de Jesucristo; tercero, el
secreto del misterio de la Encarnación.
(Sermón predicado primeramente el 19 de marzo de 1657 en
los Feuillants de la rue Saint-Honoré y, por segunda vez, el
19 de marzo de 1659 en las Carmelitas de la rue Saint-
Jacques).
Es una antigua opinión y un sentimiento común entre todos los hombres, que el
depósito tiene algo de santo y que lo debemos conservar para quien nos lo ha
confiado, no solamente por fidelidad, sino también por una especie de religión.
Así, por el gran San Ambrosio, en el segundo libro de sus "Oficios", nos
enteramos que era una piadosa costumbre establecida entre los fieles el llevar a
los obispos y a su clero aquello que más cuidadosamente querían preservar, para
depositarlo junto a los altares, santamente persuadidos de no poder colocar mejor
sus tesoros que allí, donde Dios mismo confía los suyos, es decir sus sagrados
misterios. Esta costumbre se había introducido en la Iglesia según ejemplo de la
vieja Sinagoga. Leemos en la historia sagrada que el templo augusto de Jerusalén
era el lugar del depósito de los judíos; y nos enteramos por los autores profanos
que los paganos honraban a sus falsas divinidades poniendo sus depósitos en sus
templos y confiándolos a sus sacerdotes: como si la naturaleza nos quisiera
enseñar que, teniendo la obligación del depósito algo de sentido religioso, no
podía estar mejor colocado que en los lugares donde se honra a la Divinidad y
entre las manos de aquéllos que la religión consagra.
Pero si hubo jamás un depósito que mereciera llamarse santo y ser luego
guardado santamente, es éste, del cual debo hablar y el cual la providencia del
Padre eterno confía a la fe del justo José: tanto que su casa me parece un templo,
porque un Dios se digna habitar en ella, instalándose Él mismo allí en depósito, y
José debió ser consagrado para guardar ese sagrado tesoro. En efecto, él lo fue,
cristianos: su cuerpo lo fue por la continencia y su alma por todos los dones de la
gracia.
Me dirijo a vos, divina María, para que Dios me conceda esta gracia: espero
todo de vuestra ayuda, cuando debo celebrar la gloria de vuestro Esposo. Oh,
María, vos habéis visto los efectos de la gracia que lo llenó, y necesito de vuestra
ayuda para hacerlos conocer a este pueblo. ¿Cuándo se puede esperar vuestra
más poderosa intercesión, sino cuando se trata del casto Esposo, que el Padre os
ha elegido para conservar esta pureza tan querida y preciosa para Vos?
Recurrimos a Vos, María, saludándoos con las palabras del ángel, diciendo: Ave
María.
En este intento que me propongo de apoyar las alabanzas a San José, no sobre
dudosas conjeturas, sino en una sólida doctrina extractada de las divinas
Escrituras y los Santos Padres, sus fieles intérpretes, no puedo hacer nada más
apropiado a este día tan solemne, que presentarles a este gran santo como un
hombre, al que Dios ha elegido entre todos los otros, para poner en sus manos su
tesoro y hacerlo aquí en la tierra su depositario. Quiero haceros ver hoy que
como nada le conviene mejor, no hay nada tampoco que sea más ilustre; y que
este hermoso título de depositario, al descubrir los propósitos de Dios sobre este
bienaventurado patriarca nos muestra la fuente de todas sus gracias y el
fundamento seguro de todos sus elogios.
Primeramente, cristianos, me es fácil haceros ver cuánto esta cualidad le es
honorable. Pues si el nombre de depositario lleva una señal de honor y expresa el
testimonio o la rectitud; si para confiar un depósito elegimos a aquéllos de
nuestros amigos cuya virtud es más conocida, cuya fidelidad es más probada; en
suma, los más íntimos, los más fieles: cuál es la gloria de San José, a quien Dios
hace depositario no solamente de la bienaventurada María, cuya angelical pureza
la hace tan agradable a sus ojos, sino también de su propio Hijo, que es el único
objeto de sus complacencias y la única esperanza de nuestra salvación: en
consecuencia, en la persona de Jesucristo San José es establecido el depositario
del tesoro común de Dios y de los hombres. ¿Qué elocuencia puede expresar la
grandeza y la majestad de este título?
Fieles, si este título es tan glorioso y tan ventajoso a aquél cuyo panegírico
debo hacer hoy, es necesario que yo penetre tan gran misterio con la ayuda de la
gracia; y que buscando en nuestras Escrituras lo que se lee allí de José, haga ver
que todo se relaciona con esta hermosa cualidad de depositario. En efecto,
encuentro en los Evangelios tres depósitos confiados al justo José por la divina
Providencia y al mismo tiempo también tres virtudes que sobresalen entre las
demás y que responden a estos tres depósitos; es lo que tenemos que explicar por
orden; acompañadme, por favor, atentamente.
SIGUE...
